Proyecto y Dirección:
Daniel Ventura

Asociados:
A. Bobrowicky
L. Fornari


Año de proyecto:
1996

Finalización de obra:
1998

Buenos Aires
Argentina

"La zona es un complicado sistema de trampas y todas son mortales. No sé que pasa aquí cuando hay gente, pero siempre que hay gente todo se pone en movimiento. Las viejas trampas desaparecen, nacen otras, los lugares seguros se hacen impenetrables... y el camino se hace ya fácil, ya se enreda hasta no poder mas. Esta es la zona. Puede parecer caprichosa, pero cada movimiento es así, como lo hagamos con nuestro propio estado. Algunos tuvieron que volver a mitad del camino, algunos murieron en la puerta del cuarto. Todo lo que pasa aquí depende de nosotros. Deja pasar a los que no tienen esperanzas. A los infelices, pero hasta el más desgraciado no vuelve de aquí, si no se sabe comportar...". Tarkovsky, Stalker - La Zona
Creo que la arquitectura debe representar o presentar el pensamiento del arquitecto en determinado momento. Seguramente esto tiene que ver con el tiempo, con el crecimiento. Esto trae implícito una transformación tanto del sujeto como de las cosas, a veces esa sensación de cambio trae en sí aparejado cuestiones referidas al movimiento, a que las cosas pueden ser de diversas maneras y que existan varias realidades, verdades...

El programa es probablemente una mera excusa para poder decir lo que pensamos, en un mundo donde los valores pasan por los carriles del mercado inmobiliario. Tratamos de hacer de la "propiedad horizontal" un pensamiento construido; que tiene que ver con los temas de la arquitectura y que en esta obra nos preocupó fundamentalmente el manejo y el uso de la luz natural.

Como decía Louis Kahn: un espacio no asumirá nunca su rol de arquitectura sin la luz natural, la luz artificial no puede compararse con el juego imprevisible de la luz natural.
Cada espacio permite de alguna manera la entrada de luz creando diversas cualidades y sensaciones.

La fachada norte sobre la calle Lascano está materializada por persianas móviles de aluminio que tamizan o permiten la entrada de la luz según sus necesidades. Éstas además de cumplir su función de parasoles, le dan un límite al balcón creando un espacio más habitable y de continuidad en relación con los espacios lindantes de estar y dormitorios.

El lenguaje compositivo, aparentemente homogéneo de la fachada está continuamente en movimiento según las necesidades de los habitantes, permitiendo una transformación a través del tiempo y convirtiéndola según el uso en una imagen claramente heterogénea. Recordando la arquitectura catalana de Coderch de mediados de siglo.

Buenos Aires, Septiembre de 1998.